La mujer marinera homenajeada en la efeméride del Estatuto de Autonomía

En el trigésimo primer aniversario del Estatuto de Autonomía el Parlamento se tributa un homenaje a todas las mujeres vinculadas al Sector Pesquero, por su trabajo en las actividades relacionadas con la pesca y su transformación, y por su entrega, escasamente visible y valorada, en sus respectivos ámbitos domésticos.

 

La mar es un ámbito arriesgado, pero el papel de la esposa que se queda en tierra es asimismo difícil. Las mujeres de los pescadores dicen que “hay dos palos que aguantan la vela en casa del pescador: la firmeza y la soledad”. Por un lado, una unidad familiar monoparental, durante el tiempo de ausencia del marido en la mar, y por otro, el trabajo aledaño a la pesca, la atención a los hijos y todas las demás tareas del hogar. Con su trabajo callado y su sacrificio permanente, sacan adelante sus economías familiares y contribuyen a forjar el desarrollo y el progreso de nuestra región.

La pesca ha jugado un papel particularmente decisivo en el desarrollo económico de las villas de la costa, San Vicente de la Barquera, Comillas, Suances, Santander, Santoña, Colindres, Laredo y Castro Urdiales.

De todos es bien conocida la intensa dedicación de las mujeres y los hombres de nuestra zona costera a las actividades relacionadas con la pesca. La historia ha marcado sus roles y rutinas, de modo que tradicionalmente han desarrollado funciones y tareas complementarias, diferenciadas por sexos. Así, mientras los hombres se enrolan en los barcos y trabajan en la mar, las mujeres realizan en tierra diversidad de faenas y oficios.

Ellas han estado presentes desde siempre en el sector pesquero, ejecutando multitud de labores. Su aportación ha sido fundamental para el desarrollo de la pesca, de su industria transformadora y para el sustento y cuidado de sus familias.

Se constituyen, así, en tierra, distintos roles de trabajo femenino relacionados con la pesca, algunos de cuyos testimonios y experiencias acabamos de escuchar:

       El antiguo oficio de las “Muchachas de Barco” o “Nescatillas”, encargadas en tierra de atender las necesidades de las embarcaciones: clasificación del pescado en lonja,  aprovisionamiento, consumos, avituallamientos y otras tareas imprescindibles para la buena administración del barco.

       El de las “Rederas” o “Adobadoras”, que confeccionan, reparan y mantienen las artes y aparejos de pesca. Su labor manual es altamente cualificada y cuenta con una larga tradición de sagas familiares trasmitida de abuelas a madres y a hijas. En nuestra región los colectivos de rederas siguen perviviendo, aunque en peligro de relevo generacional, en Santoña, Santander, San Vicente, Colindres y Laredo. Y han sabido adaptarse a las nuevas necesidades de los barcos y a los tipos de artes que estos precisan para la pesca.

       El de las Mujeres Mariscadoras, que realizan su labor a mano, con ayuda de distintos utensilios específicos para cada especie. La labor de recolección requiere profundos conocimientos de la zona de trabajo, de las características biológicas del marisco y de las circunstancias en las que se desarrolla. Tales conocimientos se han venido trasmitiendo tradicionalmente por medios orales, y también por la experiencia adquirida, de abuelas a madres y a hijas. La actividad mariscadora se ha considerado tradicionalmente como un complemento a la economía familiar. Sin embargo,  a medida que la demanda de estos productos comienza a crecer, las gentes de la costa ven en esta profesión un medio de vida que cada día se valora más.

       Pero el colectivo de Mujeres que trabaja en el Sector de la Transformación del Pescado en Cantabria es, con mucha diferencia, el más importante desde todos los puntos de vista.

Históricamente, ya a finales del s. XIX, se produjo una temprana incorporación de la mujer a las industrias de trasformación de pescado, salazones y conserva hermética, aunque con clara desventaja en sus condiciones de trabajo respecto a los hombres.

Actualmente, emplea mayoritariamente a mujeres. 67 fábricas de salazón, semiconserva, conserva y comidas preparadas, ubicadas sobre todo en la costa (Santoña, Laredo, Colindres, Castro y San Vicente), dan trabajo en nuestra comunidad a 1800 mujeres aproximadamente.

Y a la cantidad se une la calidad. Junto a las grandes industrias, las unidades de trasformación de pequeña escala elaboran en nuestra región productos de muy alta calidad, justamente apreciados por los consumidores.

Un ejemplo paradigmático lo constituye la semiconserva de la anchoa. La elaboración de filetes de anchoa, como se puede apreciar hoy en este Patio, constituye una muy delicada y esmerada labor artesanal. Existen otras regiones en España que producen anchoa, pero es ya unánime el reconocimiento de que Cantabria es la región por excelencia en la elaboración de las mejores anchoas, y es Santoña donde se da la mayor concentración de industrias de esta semiconserva en nuestro país. Es sobradamente sabido que, para salvar la dificultad económica en las que nos encontramos inmersos, se requiere ante todo competitividad. Pues bien, la anchoa de Cantabria se ha convertido en el producto más competitivo gracias a su excelente calidad.